Una historia trazada por polvo de estrellas

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Nebulosa de Orión. Se trata de una región de formación estelar, es decir, un lugar donde nacen las estrellas.

Dicen que la vida es un viaje. Uno largo, mientras lo vives. A veces corto, cuando lo recuerdas. Un viaje sin retorno, sin duda. Dentro de este gran viaje, existen pequeños viajes que emprendemos. Los motivos pueden ser diversos: por trabajo, de descanso, por curiosidad.

Hace unos días hice un viaje a lugares en los que anteriormente había estado en su mayoría. Sin embargo, en 18 años muchas cosas pueden cambiar. Las ciudades y los pueblos cambian: crecen, se remodelan, muchas veces se embellecen, otras veces caen en decadencia.

Mi viaje fue hacia mis raíces, aquellos lugares en los que nací, donde nació una niña que dicen que era tierna y tímida. Fue un viaje que he planeado por años, más de diez, pero que por diversas razones no pude hacer hasta este diciembre de 2016, ya que quería hacerlo con mis padres. Estas líneas no serán una bitácora de estos 9 días, no. Más bien quiero compartir algunos de los pensamientos que en mi laberinto mental han surgido a raíz de esta experiencia.

18 años pasaron desde la última vez que estuve ahi y la diferencia es muy grande. Yo era una adolescente de 17 años: perdida, confundida, con muy poco amor propio, que sentía muy fea y que se escondía tras una apariencia un tanto ruda, pero que aquellos que podían ver su alma, podían ver lo que ella misma no podía. Esa fue la última vez que vi con vida a mi abuela materna Esther. La última vez que vi sus ojos llenos de melancolía y ternura. Y ese recuerdo me ha acompañado a dónde quiera que he estado.

Mi tio Pedro, eposo de mi tía Guille, que a su vez es hermana de mi mamá, me ha dicho algo que se ha quedado grabado en mi: “Somos la forma en la que ahora se hacen presente cada uno de nuestros antepasados”.

Y en una configuración diferente de palabras, en esta ocasión, cada vez que tuve frente a mi a mis tios, primos, todos esos familiares que pude ver y reconocer en este viaje, podía verme reflejada en cada uno de ellos. Mi sonrisa, mis gestos, mi forma de ser, como fui, lo que soy ahora, lo que quiero ser. Pequeños pedazos de un gran rompecabezas, uno a uno, me ha mostrado lo que han dejado en mi. Y reconocí la belleza de cada uno de ellos y a su vez, mi belleza. Mientras escribo estas líneas, sus rostros iluminan como fuegos artificiales mis redes neuronales. Los veo claramente y me veo en cada uno de ellos.

Mi familia está dispersa por varios lugares México, pero ahora sé que están conmigo todo el tiempo. Se encuentran en mis gestos, en mi forma de ser y de tratar a los demás, en mi forma de vivir. Es así como honramos a nuestros ancestros, a nuestra larga historia que viene trazada por polvo de estrellas, que ha tomado esta forma humana y que está aquí de paso, para vivir, para ser felices, para aprender y agradecer lo que somos.

mifamilia

Mis amados padres y hermanos.

abuelos

Mis abuelos maternos: José Cárdenas y Esther Vizcaino.

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